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miércoles, 17 de noviembre de 2010

ALEISTER CROWLEY


ALEISTER CROWLEY
18 de Noviembre es iniciado en la Golden Dawn
Aleister Crowley recibió de una entidad desencarnada trabajo del iniciado para buscar el contacto con su Ángel Guardián 
(Su bajo el nombre de Hermano Perdurabo 
(palabra que quiere decir "resistiré"),
Hoy está considerado como el mago más importante de nuestro siglo, del que surgió buena parte del ocultismo moderno. 
Sus contemporáneos le calificaron como «la bestia humana» o «el hombre más perverso del mundo». 
Sin embargo, esa leyenda negra estaba sostenida por el interés del propio Aleister Crowley en escandalizar a la pacata sociedad victoriana que le rodeaba. 
A los ocho años Aleister Crowley cogió un gato, le administró arsénico y, para que no opusiera resistencia, le suministró cloroformo. 
Así pudo gasearle en el horno, después quemarle y, tras otras torturas, le despellejó vivo.

Su madre le llamaba «La Bestia» y «666» porque su hijo le recordaba las dos bestias del Apocalipsis, cuyo texto dice: «Vi como salía del mar una bestia, que tenía diez cuernos y siete cabezas... Abrió su boca en blasfemias contra Dios... Fuéle otorgado hacer la guerra a los santos y vencerlos... El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia porque es número de hombre. 
Su número es seiscientos sesenta y seis».
El niño no se amilanaba ante la comparación y la llamaba «estúpida santurrona». 

Cuando su madre murió, ya adulto, añadió «¡que el diablo tenga su alma!». Crowley no sentía más simpatía por su padre, llegando a sustituir su nombre, Edward Alexander, por el de Aleister.

No hubo persona a la que no destrozara, juramento que no incumpliera, vicio que no probara. Su primera mujer era hermana de uno de sus amigos, una joven viuda harta del acoso de sus pretendientes, a la que Crowley ofreció «matrimonio sin consumación» para que se librase de ellos. 
Se casaron y, a las pocas horas, Crowley incumplía su compromiso. 

Ella se hizo alcohólica y murió en uno de sus delirium tremens. 
Antes de divorciarse, Crowley casi mata a su suegra al tirarla por la escalera cuando la echaba a patadas de su casa.

Su segunda esposa también acabó alcoholizada. 

Él mismo era un drogadicto que consumía heroína, cocaína, opio, hachís, marihuana, peyote y mescal, entre otras drogas.
Era bisexual y le gustaba colgar a sus amantes boca abajo en el guardarropa y marcarles con sus dos caninos que, según dicen, se afiló con este propósito. 
Algunos de sus discípulos sufrieron alteraciones nerviosas, como Lord Tankerville o Victor Neuburg al que Crowley maldijo. Victor decía que esa era la razón de sus múltiples enfermedades.
Otros tuvieron menos suerte y perdieron la vida como Raoul Loveday, de quien se dijo que había sido envenenado por «La Bestia». 
También murió Alexis Pache, un alpinista suizo, cuando se encontraba a solas con Crowley en una escalada. 
Otro, Norman Mudd, se suicidó. 
Pero no sólo sus discípulos; también uno de sus maestros, Liddell MacGregor Mathers, murió convencido de que le aniquilaban las poderosas emanaciones mágicas procedentes de Crowley.

Los periódicos de la época le llamaron, entre otras lindezas: «el hombre más perverso del mundo», «el rey de la depravación», «el hombre al que nos gustaría ahorcar», «el caníbal», «la bestia humana», y el peor insulto para un inglés de su época, «germanófilo».
Ni siquiera con su muerte cesaron los ataques furibundos, incluso del máximo representante de la justicia británica, el Ministro de Su Graciosa Majestad, quien declaró: «Aleister Crowley es el personaje más inmundo y más perverso del Reino Unido».
Esta es la leyenda que le acompañó toda su vida, azuzada por la prensa durante más de treinta años. 
No hay perversidad, ni crimen, ni acción maligna de la que no fuese acusado. 
Pero en el año 2001 no estamos en la Inglaterra victoriana y el mundo es hoy mucho más tolerante y libre que lo que era a principios del siglo XX.

La Otra Cara De La Leyenda
Algunas de las «maldades» de Crowley como, por ejemplo, tomar el sol desnudo en la playa pueden hacernos reír. Pero sólo hasta que recordamos que en los años sesenta hubo que imponer la tolerancia en las playas para que los turistas nos dejaran sus divisas.

A la luz de sus biógrafos, podemos entender mejor la leyenda negra creada alrededor de su persona. Trasladémonos a Leamington, en el condado inglés de Warcwickshire, el 12 de octubre de 1875. Acaba de nacer Edward Alexander, que más tarde conoceremos como Aleister Crowley.
Su infancia se desenvuelve en un ambiente opresivo y puritano, ya que sus padres pertenecen a la secta más intransigente y rigurosa de la época, los «Hermanos de Plymouth». 
Para ellos todo es pecado o debilidad inaceptable. 
Por eso, Emilie, su madre, nunca le abraza, ni le besa, ni le cuenta cuentos, ni le deja leer ningún libro, excepto la Biblia.

Aleister, a pesar de la rigidez familiar, hace trastadas que Emilie castiga llamándole «la Bestia del Apocalipsis», el sumum de la maldad para los «Hermanos de Plymouth». 
Él se defiende asumiendo el nombre de «La Bestia» y rebelándose contra todo aquello que representa su familia. 
Si en nombre del «bien» le torturaban y le hacían desgraciado, él adoraría al «mal»
Se convertirá así en un mago luciferino, que no diabólico, adorador sistemático del mal.
En una de sus conferencias explicará por qué torturó al gato que mencionábamos al principio. 
Su madre le había dicho que los gatos tenían nueve vidas y decidió comprobarlo constatando, una vez más, que sus enseñanzas eran falsas. 
El torturador del gato no era un sádico desalmado, sino un crío inquisitivo.
Su padre, el hombre cuya boca nunca había blasfemado o dicho una injuria, que había abandonado su imperio económico para dedicarse a la religión, muere de cáncer de lengua, cuando Aleister tiene doce años. 
Su tío materno se encargará de que su educación sea aún más rígida a partir de entonces.
El Crowley adolescente, con una inteligencia superior a la normal y en un ambiente represivo, se salta continuamente las reglas. 
Desde leer a escondidas, a perder la virginidad a los catorce años con una de las criadas, pero ¡en la cama de mamá! que tiene más mérito transgresor.
CONTINUARA...
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