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sábado, 28 de febrero de 2009

EL TATUAJE (PARTE I)

EL TATUAJE, ALGO MÁS QUE UNA MARCA EN LA PIEL
La costumbre de marcarse la piel es muy antigua: se sabe que el hombre de Cro-magnon ya se tatuaba en el Neolítico.
Hoy solo nos queda el sentido ornamental de una costumbre ancestral
HISTORIA
La antigüedad del tatuaje es imposible de determinar con exactitud, pues se halla presente desde la más remota antigüedad. Tampoco se conoce el origen de la palabra “tatuaje” aunque se cree que procede de la polinésica “ta”, que significa golpear. Lo que sí se sabe es que el hombre de Cro-Magnon ya se tatuaba en el Neolítico, así como posteriormente los hombres del Cuaternario Superior.
Estas pruebas nos las proporcionan las momias tatuadas encontradas en Egipto, Libia, Perú o China. En 1991 se encontró un hombre congelado en la montaña entre Austria e Italia que presentaba una serie de tatuajes en su cuerpo con una antigüedad de 5.000 años.En el antiguo Egipto se han encontrado, en la piel de las momias, tatuajes rituales, como los que se encuentran en las sacerdotisas de la diosa Hathor, formados por tres filas rayadas en el bajo vientre.
El tatuaje también se utilizaba para marcar a los criminales y a los cautivos en general, como demuestran las momias halladas en la necrópolis de Tebas, aunque al parecer el primero en utilizarlo con esta finalidad fue Yahvé, cuando marcó a Caín para que nadie lo matara (Génesis 4, 15). En la antigua Grecia el tatuaje era utilizado por las clases noble y sacerdotal, aunque con el tiempo acabó utilizándose para marcar a delincuentes y esclavos.
Pero no solamente Dios tiene su marca, al parecer también la tiene su contraparte, el Diablo; es el Sigillum Diabolli, que el Príncipe de la Tinieblas utilizaba para sellar los pactos con él concertados. Dicha marca no siempre era igual: a veces tiene la forma de una liebre, el pie de un sapo, una araña o un lirón.
La marca es impresa en la piel mediante incisiones con afiladas uñas y por lo general en las partes más escondidas del cuerpo (bajo los párpados, bajo la axila, en los labios, en el hombro, en el ano, sobre los pechos o en los genitales). Y los oficiales de las SS en la Alemania de Hitler eran tatuados en la axila con sus iniciales y su grupo sanguíneo, a fin de darles prioridad en los hospitales.Aún hoy en día se cree que el tatuaje es producto de la rebeldía de la juventud de hace unas cuantas décadas o de gente marginal.
Esta forma de pensamiento es producto de la ignorancia y de la prohibición de su uso.
El responsable de esta censura fue el emperador romano Constantino, el primer emperador convertido al cristianismo, que nos privó del conocimiento del tatuaje durante unos cuantos siglos. El Cristianismo estaba en contra del tatuaje, dado que si el hombre fue creado a imagen de Dios, era pecado alterar dicha obra. Varios pasajes de la Biblia son tajantes al respecto; en el Levítico Yavhé prescribe: “no os haréis incisiones en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en ella figura alguna” (19,28).
En Japón ocurrió algo parecido, pues el emperador Matsuhito en 1842 prohibió los tatuajes porque contradecían las enseñanzas de Confucio, que defendía que hay que mantener el cuerpo de la misma forma en que se recibe al nacer.
A partir de entonces el tatuaje es proscrito y solamente sigue siendo utilizado por los yacuza, la mafia japonesa que de esta forma se reafirma en su condición de ilegal de por vida.El arte del tatuaje fue redescubierto para Occidente en el siglo XVIII, cuando exploradores, aventureros y navegantes como el capitán James Cook viajaron por los mares del Sur y los marineros comenzaron a lucir vistosos tatuajes.
Ellos fueron los primeros que aprendieron el arte de los tatuadores polinesios.
Continuará...
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