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sábado, 7 de febrero de 2009

SUEÑOS DE HACE DOS MIL AÑOS

SUEÑOS DE HACE DOS MIL AÑOS (PARTE I)
¿Qué es la vida, sino un sueño?
Con esta pregunta Lewis Carrol concluye uno de los sueños más encantadores y alusivos que han existido, el viaje fantástico de Alicia en el País de las Maravillas. Desde el pasado más remoto el sueño nos estimula con sus innumerables porqués.
No siempre son sueños de oro
No todos los sueños con iguales; algunos se mantienen vivos en nuestra memoria durante años, nos ayudan a comprendernos mejor a nosotros mismos, nos anticipan hechos desatinados a concretarse en la realidad, a veces con la insistencia del sueño recurrente, que se repite siempre igual, en distintos momentos. Son los sueños que los antiguos definían como “sueños que salen de la puerta de marfil”, es decir, preciosos, verdaderos, dignos de ser interpretados como mensajes de los dioses, distintos de los que “salen de la puerta de cuerno”, mas insignificantes y burdos, sueños que se diluyen rápidamente, al despertar, como el azúcar en el café de la mañana, porque están causados simplemente por una comida demasiado abundante, por la posición en la que hemos dormido o por fragmentos de lo que hemos visto, pensado u oído durante el día.
Planeta Sueño
Bellos, coloridos, eróticos, terroríficos, alegres, melancólicos, pero en el fondo siempre misteriosos, los sueños se nos parecen, son la imagen de nuestra vida, están hechos de nuestra misma materia. Se enlazan con nuestra vida cotidiana, el trabajo, la familia, los amores; reflejan nuestras emociones, contienen nuestros recuerdos, revelan nuestras esperanzas, intereses, problemas, miedos, nuestros deseos secretos, los que no nos atreveríamos a confesar ni a nosotros mismos.
Hay quien los considera un mecanismo de alarma de enfermedades que están todavía en fase de desarrollo. Otros, en cambio, son un milagroso lavado de las emociones contra las sustancias toxicas acumuladas por el sistema nervioso, o también un recurso del cerebro para reforzar la memoria o animar la creatividad.
Freud: la base de los sueños es la sexualidad
Freíd otorga a los sueños el papel de válvulas de escape de los deseos reprimidos; los considera verdaderas fábulas construidas por la mente expresamente para colmar los deseos que se agitan en nuestros interior.
Tanto es así que si no lográramos soñar, acabaríamos despertándonos.
Sin embargo, los niños pequeños, todavía ajenos a las reglas y las prohibiciones, sueñan sus deseos tal como son: el juguete, el pastelito, los mimos de mamá.
Las emociones de los adultos, para Freud siempre relacionadas con la esfera sexual, son demasiado fuertes para dejarnos dormir es paz.
Por esta razón el subconsciente las disfraza, recubriéndolas con otros símbolos, trasladados de experiencias del día recién transcurrido, a través de un lenguaje secreto, que transforma el sueño en una especie de jeroglífico, en donde cada imagen y cada detalle ocupan el lugar de otro que no podemos admitir y reconocer como nuestros.
Así, soñamos con el gato, la serpiente o el caballo en lugar del pene y la agresión, o el columpio en lugar de la relación sexual; la gruta y el agua representan a la madre, la casa es el cuerpo, la bodega y el baño, los genitales.
Para interpretar el sueño solamente hay que excavar en la profundidad, desarmarlo y trabajar en cada pieza hasta encontrar su raíz secreta.
Los Sueños
Laura Tuan
Continuará …
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