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jueves, 31 de mayo de 2012

LA OUIJA...


EL CASO CAÑITAS, JUGANDO CON LA OUIJA
El caso Cañitas ha sido un caso muy sonado entre los misterios paranormales y ha traído consigo diversas opiniones bastante polémicas. Es una historia sobre un grupo de amigos que pasan unos días en una casa en Cañitas, México y realizan la ouija. El caso no tendría tanta relevancia a no ser por todo lo que aconteció los días posteriores.
Un grupo de chavales se hospedan por unos días en casa de unos amigos, Carlos y su esposa. Para pasar el rato no se les ocurre cosa mejor que jugar a la ouija. A partir de ese momento, empiezan a ocurrir sucesos extraños en la casa, como puertas y ventanas que se abren y cierran, voces, ruidos, etc. Uno de ellos, Manuel, empieza a hablar con una voz ronca y diferente a la suya. Muchas de sus palabras ni tienen sentido y pronuncia alguna de tono soez.
Por ello, ya algunos asustados, deciden terminar la sesión y ver qué le pasaba a Manuel. Pero el chico no recordaba en ningún momento lo que había ocurrido, sólo afirmaba que no podía moverse ni tampoco hablar.
Toda la noche la pasaron desvelados por los ruidos tan extraños que no dejaban de oírse en la casa, hasta que por fin amaneció y María se levantó muy temprano para dar de comer a su hijo, que no dejaba de llorar porque estaba hambriento.
Salió al pasillo para ir a la cocina y calentar el biberón, pero algo apareció ante ella. Sus ojos no daban crédito a la figura espectral que en su dirección se dirigía. Era un ente flotando, sus pies no tocaban el suelo e iba vestido con una especie de atuendo de monje.
María gritó con todas sus fuerzas, su voz resonó en toda la casa e hizo que todos se despertaran. Cuando llegaron donde se encontraba, parece que el ente se esfumó y los demás no le dieron mayor importancia al suceso porque lo achacaron al nerviosismo del día anterior y quizás, a una mala pasada de la imaginación de María.
A la mañana siguiente, se acercaron a la iglesia del lugar a pedir ayuda y respuestas. El cura que se encontraba en la iglesia no reparó en afirmar que los ayudaría. Decidió acercarse hasta la casa para poder exorcizarla y sacar al ser o seres que pudieran habitar allí.
El rito se inició y en seguida empezaron los fenómenos extraños. Las ventanas se agrietaron y la Biblia se cayó abierta con las páginas llenas de sangre. Después, todo se calmó y el cura avisó que sus exorcismos no habían sido suficientes para que el espíritu desapareciera. Tendría que hablar con obispos sobre el tema y escuchar sus consejos.
Pasaron los días y los sucesos parecían haber remitido. Un día, Manuel y los demás fueron a visitar al cura que los ayudó para informarle que ya no ocurría nada en la casa pero, cuando llegaron a la iglesia, se llevaron una sorpresa porque el encargado les comentó que el padre había fallecido la misma noche del exorcismo.
Todos se quedaron pálidos y sus temores fueron en aumento, así que decidieron ir en busca de una hechicera o bruja para ver si les podía ayudar en el caso.
Ésta les obsequió con un amuleto para protegerlos de cualquier mal, pero no muy convencidos con la solución, volvieron al día siguiente a ver a la bruja para otro remedio un poco más eficaz. Cuando llegaron a la casa de la mujer, les sorprendió no encontrar a nadie y aún más, ver la casa con tan mal aspecto, como si hubiese pasado muchos años abandonada.
En la calle sólo había unos niños que jugaban y éstos les preguntaron que a quién buscaban. Ellos contestaron que a una señora que vivía allí. Los niños, diligentes, les dijeron que allí vivía una bruja pero que había muerto hace ya muchos años.
Hoy sólo se sabe que de las 7 personas que realizaron la ouija y habitaron la casa, 4 murieron en ella. Dos personas más murieron en accidentes de coche cuando se dirigían al lugar de la casa para investigar o ayudar a deshacerse del espíritu maligno.
El único que sobrevivió fue Carlos Trejo, cuya esposa murió. La muerte de su mujer fue muy extraña ya que, enfermó de una enfermedad rara que los médicos no supieron diagnosticar.
Carlos Trejo aún sigue viviendo en esa casa. Allí guarda todos esos recuerdos tanto felices, tristes como horrendos de su vida. Nadie sabe si el espíritu sigue atormentando sus días.

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