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miércoles, 18 de julio de 2012

LA ALHAMBRA... GRANADA

-LOS NUEVOS CUENTOS DE LA ALHAMBRA (19 de julio reapertura del Patio de los Leones)-

PARTE I
En el patio de los Leones de la Alhambra hay emoción y también nervios contenidos esta mañana de julio sofocante. Son apenas las siete y media, y la restauradora Carmen Tienza trabaja encaramada en la gran taza de mármol de Macael de una de las fuentes más famosas del planeta. Labrada en una sola pieza con 12 leones en su base que funcionan como surtidores, la fuente fue colocada en este lujoso palacio de yeserías y mocárabes inverosímiles alrededor de 1370, momento de máximo esplendor del sultanato nazarí, bajo el mandato de Muhammad V. El patio, que lleva diez años rehabilitándose, es el corazón de la Alhambra: más de tres millones de personas visitaron la fortaleza y sus salas de exposiciones el año pasado, más que el Museo del Prado, y tanto Carmen como los 278 trabajadores del monumento son conscientes de su responsabilidad, en días especiales como hoy todavía más.
Una cuadrilla de albañiles termina de colocar las losas del nuevo pavimento de mármol. Sustituirá la grava que cubrió el patio durante las últimas décadas. Acuclillado, el arquitecto Pedro Salmerón revisa detalles del sistema hidráulico recién instalado. A partir de ahora podrá controlarse la presión, la temperatura y hasta el nivel de los productos químicos de los 5.000 litros de agua que fluirán por las fuentes y canales de este increíble palacio porticado, abierto al sur a la sala de los Abencerrajes y al norte a la de Dos Hermanas, cénit de la decoración arquitectónica de la Alhambra.
Hoy es un día histórico. Dentro de un rato se hará la “prueba del agua”. Debido a distintos problemas y luego por el proceso de restauración, desde hace quince años no funcionaban a la vez las once fuentes del palacio. “Ahora el agua volverá a correr por todo el patio”, dice Salmerón.
Carmen sella ahora uno de los orificios del gran tazón dodecagonal, que en su parte externa muestra los versos del visir Ibn Zmrak en caligrafía árabe: "¿No ves cómo el agua se derrama en la taza, pero sus caños la esconden enseguida? Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas…". La Alhambra es también un gran libro habitable: sus paredes y zócalos están llenos de oraciones y poemas tan delicados como su arquitectura.
Hace veinte años Carmen Tienza entró a trabajar a La Alhambra. La mitad de ese tiempo lo ha dedicado a rehabilitar la fuente de los Leones, por lo que puede decirse que está a punto de concluir el proyecto profesional más importante de su vida. Carmen ha dirigido un equipo de nueve restauradores y ha colaborado con ingenieros, geólogos, químicos, microbiólogos, arquitectos... Más de un centenar de personas han tomado parte en el proceso que comenzó allá por 2002, cuando desmontó el primer león, al que bautizó como Félix. “Tenía tal costra que, al limpiarlo, en vez de león parecía gato”.
A finales de julio, por fin, será la inauguración oficial. Los visitantes podrán volver a acceder al patio y acercarse a la fuente después de la remodelación más importante llevada a cabo en este espacio en un siglo largo. Carmen todavía no lo cree.
Son ya las ocho y media, la hora en que la fortaleza se abre a los turistas. Por la puerta de la Justicia suben vestidos de novios Luis y Victoria, con fotógrafo, maquillador y parientes incluidos. Tras ellos viene una familia árabe, la madre con velo de cuerpo entero pero su pequeño con una camiseta del Barça. Los niqab abundan en la Alhambra, también el look del buen turista estadounidense, pantalón corto, mochila, chaleco con bolsillos y botella de agua. Este precisamente ha sido uno de los mayores retos: la restauración se ha hecho sin cerrar nunca al público, algo extraordinario si se tiene en cuenta que cada día el Patronato pone a la venta 8.400 entradas (ni una más, para preservar el monumento). El acceso al área de los palacios, donde se encuentra el Patio de los Leones, está restringido desde hace tiempo: 300 personas cada media hora y siempre se llenan.
“Los primeros en llegar son los japoneses”, dice Antonia, un cuarto de siglo de trabajo en la Alhambra limpiando sus suelos y paredes. Entrar con ella al amanecer, con la fregona y el cubo, es un lujo. El silencio es casi absoluto y nuestros pasos resuenan en el Patio de los Arrayanes, donde lo primero es limpiar las cacas de los murciélagos que por la noche han estado de cacería en la alberca. “Aquí solo se puede limpiar con agua, nada de productos químicos”, afirma.
En las 400 hectáreas que administra el Patronato de la Alhambra y el Generalife, de ellas 62.000 metros cuadros construidos, hay más de 400 especies de plantas y 200 de vertebrados, incluidos tejones y jabalíes, pero por razones obvias los que más problemas dan a Antonia son “los que vuelan”: murciélagos, palomas, gorriones, cernícalos primillas, garzas y vencejos, estos últimos un gran dolor de cabeza en época de primavera y verano pues anidan en las yeserías. En estos momentos, cuenta el responsable de jardines y bosques, Rafael de la Cruz, se están colocando nidos artificiales en las cornisas del palacio de Carlos V para que se desplacen allí y disminuir el daño.
CONTINUARA...
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