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martes, 20 de noviembre de 2012

LAS PROFECIAS MAYAS...


MAYAS- Profecías para nuestro tiempo
PARTE (1)

Para los mayas los procesos cósmicos son cíclicos y nunca cambian. Lo que cambia es la consciencia del hombre que pasa a través de ellos, siempre en un proceso hacia la perfección. Estamos en el último peldaño o Katún de nuestro actual Ciclo Solar, en el que se realizará una sincronización de tiempos y que concluirá el sábado 22 de diciembre de 2012, con el que entraremos en lo que se llama un nuevo Día Galáctico.
Para entonces la humanidad, como conciencia global, debe escoger entre seguir destruyendo y terminar por desaparecer como especie que atenta contra el planeta; o evolucionar hacia la integración armónica con el Universo en una nueva Era de Luz.
Todos nosotros, de una manera u otra, reconoceremos, que a partir de los problemas que enfrentamos a diario, que no estamos viviendo en armonía. Sentimos que estamos comenzando a vivir los tiempos de un gran cambio. Sentimos la guerra, sabemos que hay más erupciones volcánicas, que la polución generada por nuestra propia tecnología se vuelve alarmante, que hemos debilitado la capa de ozono que nos protege de las radiaciones del sol. Hemos contaminado el planeta con nuestros desechos industriales y basuras que acaban con las fuentes de agua, con el aire que respiramos.
El clima ha cambiado, las temperaturas han aumentado, los glaciares se derriten, y hay inundaciones en todo el mundo, tornados y huracanes.
Todos buscamos respuestas y un camino seguro para los tiempos que vivimos.
Muchas religiones elaboraron profecías acerca de lo que está pasando. La Biblia anunció que cuando todos estos hechos sucedieran al mismo tiempo estarían llegando los (temidos y nunca explicitados) tiempos del Apocalipsis. Los mayas sabían que esto iba a suceder exactamente en estos tiempos, pues eran excelentes matemáticos y astrónomos, y dejaron una suerte de guía para que cada uno de nosotros de manera individual contribuya a llevar a la humanidad hacia el Amanecer de la Galaxia, a una nueva Era en la que no debería haber caos ni destrucción.
Nos dejaron siete profecías en las que hablan de sus visiones del futuro, de nuestro presente. Están basadas en las conclusiones de sus estudios científicos, aunque también espirituales sobre el funcionamiento del Universo.
La primera profecía habla del final del miedo. Dice que el mundo donde abundan el odio y el mero materialismo terminará el sábado 22 de diciembre de 2012, y que para ese momento, la humanidad deberá escoger entre terminar desapareciendo como especie pensante que amenaza con destruir el planeta o evolucionar hacia la integración armónica con todo el Universo, comprendiendo que todo está vivo y consciente, que somos parte de ese todo y que podemos existir en una nueva Era de Luz.
Esto no significa que ese mismo día habrá un cataclismo que acabe con nosotros, significa que por esas horas del ciclo del planeta, y más aún, del Universo; el cambio de conciencia y de enfoque que le demos a nuestro rumbo como humanidad, sellará nuestro destino como especie. Y ese cambio se efectúa individualmente. Con cada elección constructiva que efectuemos en cada minuto, de cada acción, cada uno de nuestros días.
La primera profecía dice que a partir de 1999 queda un tiempo equivalente a 13 años, para realizar los cambios de consciencia y actitud de los que nos hablan.
Los mayas sabían que nuestro Sol, ellos lo llamaban Kinich-Ahau, es un ser vivo que respira y que cada cierto tiempo se sincroniza con el enorme organismo en el que existe -la galaxia, el Universo- produciendo en su superficie lo que los científicos llaman erupciones solares y cambios magnéticos.
Los mayas, con sus precisiones de cálculos matemáticos, descubren que esto ocurre cada 5.125 años; la tierra se ve afectada por los cambios en el Sol mediante un desplazamiento de su eje de rotación. Entonces descubren que a partir de ese movimiento, lógicamente, se producen lo que nosotros percibimos como grandes cataclismos. Los mayas descubren que los procesos universales como la respiración de la galaxia, son cíclicos y nunca cambian. Lo que cambia es la consciencia del hombre que pasa a través de ellos, es de esperarse que siempre en un proceso hacia más perfección.
Consideremos entonces que la perfección evolutiva, es equivalente a una gran adaptabilidad a los cambios del planeta, de una gran capacidad de adherir flexiblemente a los procesos y ritmos de la naturaleza. Percibimos, si somos medianamente inteligentes, que como especie, estamos haciendo exactamente lo contrario. Intentamos manipular el clima, la tierra, las aguas.
Basados en sus observaciones, los mayas predijeron que a partir de la fecha inicial de su civilización, desde el 4 Ahau 8 Cumku, es decir, desde el año 3.113 aC. 5.125 años en el futuro, o sea, el equivalente al 22 de diciembre de 2012, nuestro sol, como cuerpo sincrónico de la galaxia, cambia su polaridad y producirá una gran llamarada radiante (erupción solar para nuestros científicos).
Para ese momento, lo ideal es que la humanidad esté preparada para transformar la civilización actual basada en el miedo, en una vibración mucho más alta de armonía. Solo de manera individual se puede atravesar la puerta que permite evitar el sufrimiento del planeta, para dar comienzo a una nueva Era, un Sexto Ciclo del Sol. Los mayas aseguraban que su civilización era la quinta iluminada por el Sol, Kinich-Ahau, el gran Quinto Ciclo Solar. Antes habían existido sobre la tierra otras cuatro civilizaciones que fueron mutando o quizás se destruyeron por grandes desastres. Sostenían que cada civilización es solo un peldaño en el ascenso de la consciencia colectiva de la humanidad.
Es curioso que cada hito coincide con otros de otras culturas y tradiciones. Por ejemplo, para los mayas, en el último cataclismo la civilización había sido destruida por una gran inundación ¿el Diluvio Universal de la tradición judeo-cristiana? Que dejó unos pocos sobrevivientes de los cuales ellos eran sus descendientes.
Pensaban que al conocer el final de esos ciclos, muchos seres humanos se preparaban para lo que verían y que gracias a eso habían logrado conservar sobre el planeta a la especie pensante, el ser humano. Nos dicen que el cambio de los tiempos permite ascender un peldaño en la evolución de la consciencia, dirigirnos hacia una nueva civilización que manifestará mayor armonía y comprensión para todos los seres humanos.
El Tiempo del No-Tiempo
La primera profecía nos habla también del Tiempo del No-Tiempo, un periodo de 20 años, llamados por ellos 1 Katún- los últimos 20 años de ese gran ciclo solar de 5.125 años. Es decir, desde 1992 hasta el 2012. Profetizaron que durante ese tiempo, manchas del viento solar cada vez más intensas aparecerían en el Sol. Desde 1992 la humanidad entraría en un último periodo de este quinto ciclo, de grandes aprendizajes, de grandes cambios. Decían que nuestra propia conducta de depredación y contaminación del planeta contribuiría a que estos cambios ocurrieran. Cambios que van a suceder para que comprendamos cómo funciona el Universo y avancemos hacia niveles superiores.
La primera profecía anunció que 7 años después del comienzo del último Katún, es decir, en 1999, comenzaría una época que nos enfrentaría a todos con nuestra propia conducta. Mencionaron que sus palabras serían escuchadas por nosotros como una guía para despertar.
Los mayas profetizaron que el comienzo de esa época estaría marcado por un eclipse de Sol que coincidió con una alineación planetaria sin precedentes en la historia. Predijeron que ese eclipse ocurriría el 11 de agosto de 1.999. Ese año fue uno de los más movidos de la historia de los últimos 5.125 años. A partir de esta fecha comenzaron a correr los últimos 13 años. La oportunidad de nuestra civilización para realizar los cambios que nos conduzcan al momento de la regeneración espiritual y a una nueva Era Planetaria.
Para los mayas absolutamente todo es matemática y números, y el tiempo de los 13 números sagrados comenzó el agosto de 1.999. Predijeron que a partir de ese eclipse, las fuerzas de la naturaleza actuarían como catalizador de una serie de
cambios tan acelerados y de tal magnitud que el ser humano se vería impotente para contenerlos.
Al igual que los mayas, nuestros científicos contemporáneos aseguran que el eclipse de agosto de 1.999 fue determinante. Ese día la Tierra estuvo en su posición más cercana al Sol, y la Luna en la posición más lejana de la Tierra por eso al interponerse en el camino del Sol no alcanzo a taparlo completamente y sólo tapó su centro. Además, por la noche de ese mismo día se produjo una lluvia de estrellas, también llamada las Perseidas.


Para más coincidencias, prácticamente todos los planetas y el Sol se encontraron en posición de Cruz con el centro en la Tierra. Curiosamente, en esa cruz cósmica los signos del zodiaco ocupados por los planetas eran: Leo (el león), Escorpio (el águila), Acuario (el hombre) y Tauro (el toro). Son los símbolos de los 4 evangelistas, de los 4 custodios que protagonizan el Apocalipsis según San Juan.
Este eclipse es, evidentemente, muy significativo. Para las antiguas culturas los eclipses eran un símbolo de cambio en el orden natural de las cosas. Además la sombra que proyectó la Luna sobre la Tierra al eclipsar al Sol tuvo un recorrido bastante misterioso, atravesó Europa pasando exactamente por los Balcanes, por Kosovo; luego pasó por Medio Oriente, Irán e Irak, después se dirigió a Pakistán e India. Es decir, la oscuridad pasó por todos los sitios de conflicto potencial en el planeta.
CONTINUARA...
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