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martes, 19 de octubre de 2010

EL HOMBRE LOBO DE ALLARIZ

EL HOMBRE LOBO DE ALLARIZ
OURENSE (ESPAÑA)
Ubicación: Regueiro
Autor: Pedro Amorós
Uno de los pocos casos documentados de licantropía se encuentra precisamente en España.
En aquella época, los habitantes de las tierras cercanas a Regueiro comenzaron a sentir temor de salir a las calles, pues un hombre lobo acechaba la aldea.
En un pequeño pueblecito de la provincia de Ourense llamado Regueiro, nació el 18 de Noviembre de 1.809, Manuel Blanco Romasanta, aunque en su partida de nacimiento figura Manuela pues se pensó que era una niña.
Se caso a la edad de veintiún años con una vecina del pueblo de Soutelo.
Tras tres años de matrimonio, este quedo viudo, momento en el que perdió la fe y vago por caminos, senderos, cuevas, bosques y montes, incluso salio de Galicia.
Este hombre era polifacético, fue cordelero, segador, sastre, trabajo la lana como hilador o tejedor, todos ellos rudos y duros trabajos que distaban mucho de la fama de afeminado que se había ganado en su tierra.
Era bajo de estatura, de complexión fuerte y ágil.
La opinión sobre este era variada.
Por un lado, sus vecinos decían que era un tipo normal y totalmente inofensivo.
Por otro, aunque los forenses lo definieron como de mirada dulce y tímida, argumentaron que en ciertos momentos sufría una especie de cambio de personalidad que lo volvía altivo y feroz o, por el contrario, sumamente sereno en cuestión de segundos.
Manuel Blanco Romasanta, tenia muy buenas relaciones con el clero y se manejaba mucho mejor con los campesinos que con los nobles de la época.
Todo parecía marchar muy bien hasta el 21 de Agosto de 1843, fecha en la que desapareció Vicente Fernandez, que era el alguacil de León y que iba a embargar al gallego por una deuda de seiscientos reales.
Evidentemente, dada la situación, todas las sospechas recayeron sobre Romasanta, quien, además, había hecho su equipaje y se había marchado de la villa a toda prisa.
Por ello fue juzgado en rebeldía, aunque nadie pudo aportar pruebas firmes.
Se escondió en un pueblo abandonado llamado Ermida y luego, pasado algún tiempo, fue de nuevo a Toledo y, tras su ajetreada carrera por caminos y parajes, abandono la venta y el comercio ambulante e intento pasar desapercibido ganandose la confianza de sus vecinos.
Dos años después, volvió a dedicarse de nuevo al oficio de vendedor, y tras esto, comenzaron a desaparecer en la zona mujeres y niños que nunca fueron encontrados.
El caos y el miedo comenzaron a dejarse sentir en todas partes, y por determinadas causas, todo apuntaba a Romasanta, quien huyó de nuevo y fue detenido en Nombela (Toledo).
Acusado de cometer esos delitos, fue encarcelado en Allariz.
Durante su interrogatorio confesó haber sido el autor de trece crímenes mientras estaba convertido en "lobis-home" por una extraña maldición que le echó alguno de sus parientes durante su juventud.
Tras los asesinatos tenia alucinaciones en las que se veía rodeado de lobos.
Manuel lo justificaba así "Por culpa de la maldición de uno de mis parientes, tal vez mis padres, me convertía en lobo, desnudándome primero y revolcándome después por el suelo hasta tomar dicha forma..., pero la maldición terminará el día de San Pedro, cuando se haya cumplido trece años desde mi primera metamorfosis..."
Al final, la justicia lo condeno por nueve asesinatos y lo absolvió de otros cuatro que el mismo se imputaba.
Sus víctimas siempre eran presas fáciles, mujeres o niños.
Los mataba con sus propias manos y con su boca a mordiscos y después se comía sus cuerpos crudos.
En tierras de Ourense, antes de conocerlo como el hombre lobo, se lo conocía como el "Sacamanteigas" (Sacamantecas) y Home do Unto, pues se llevaba a los niños y a las mujeres con engaños, los mataba, les sacaba el sebo o unto y lo vendía con excesivo lucro (así dicen los legajos) en Portugal.
La causa contra el hombre lobo tiene mas de dos mis paginas y se guarda en el Archivo del Reino de Galicia en A Coruña.
Manuel Blanco Romasanta fue condenado a muerte por garrote vil, aunque la reina de España, Isabel II, se interesó en profundidad por el caso y le conmutó la pena por cadena perpetua, cosa que nadie comprendió.
Posteriormente, fue trasladado de la cárcel de Allariz a Celanova.
Ingresó en prisión en 1.854.
Sin embargo, cuando los investigadores llegaron a la celda de Romasanta, la encontraron vacía, quedando su suerte sumida en el misterio.
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