------Gifs Animados - Imagenes Animadas

-----

COMPRAR EN "TIENDA SIRIUS"

TELEFONOS: +34 635574330 MAIL:siriustienda@yahoo.es
Mostrando entradas con la etiqueta QUE ES EL ESPIRITISMO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta QUE ES EL ESPIRITISMO. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de septiembre de 2013

QUE ES EL ESPIRITISMO...

Hipólito León Rivail, más conocido por el nombre de Allan Kardec por él adoptado al convertirse en ferviente partidario del espiritismo, fue en sus primeros tiempos un escéptico furibundo que miraba con desprecio a quienes se reunían para comunicarse con los seres del más allá.
De resultas del éxito obtenido en la primera sesión espiritista celebrada en Hydesville, algunos entusiastas partidarios de la nueva religión abordaron el año siguiente el vapor Washington y llegaron a la ciudad alemana de Bremen, para dar a conocer sus experiencias, como si fueran vulgares misioneros.
Estalló entonces una epidemia que no tardó en extenderse por toda Europa. Pero en dos países tuvo mayor éxito la doctrina: Inglaterra y Francia, donde el espiritismo vería surgir pronto a su profeta número uno: Allan Kardec.
Había estudiado medicina con provecho
Su verdadero nombre era Hipólito León Rivail y había nacido el 3 de octubre de 1804 en la ciudad de Lyon, famosa por los numerosos santos, mistagogos, ocultistas y mártires que en ella han nacido. Aquí nacería también el discutido Monsieur Philippe, el mismo que sería llamado por Nicolás II a la corte de los zares y que debió abandonar para dar paso a otro sujeto no menos famoso: Rasputín.

El joven Hipólito estudió en la institución más acreditada de toda Europa, situadas a orillas del lago suizo de Neufchatel, que dirigía en aquellos tiempos el gran pedagogo Juan Enrique Pestalozzi. Hipólito era inteligente y muy buen estudiante. Aprendió varias lenguas al mismo tiempo y supo de la existencia del espiritismo llegado a Suiza.
Obtuvo en 1824 su titulo de doctor en medicina y regresó a Lyon dispuesto a abrir, en la rue de Sévres, un instituto de enseñanzas que regiría por el sistema Pestalozzi. Se casó con una mujer nueve años mayor que él e inició lo que podría calificarse de existencia monótona: daba cursos gratuitos de química, física, astronomía y anatomía. Es decir, nada de otro mundo. Y se dedicaba, en sus ratos libres, a escribir libros con la intención de liberar a los jóvenes de cualquier absurda superstición, contraria a la ciencia que pudiera encadenarlos a ella. Eran los tiempos en que había llegado a su fin el reinado napoleónico.
Decía en aquellos días Hipólito Rivail que la vida es una continua aplicación de la ciencia y que el estudioso reirá de la credulidad de los ignorantes; no creerá en fantasmas, y hará mofa de los espíritus. Así pensaba Rivail y, siguió haciéndolo muchos años más, hasta que en la primavera de 1854, habiendo cumplido 50 años cambiaron las cosas. Conoció a cierto Fortier, que se decía magnetizador y le enseñó la existencia de las mesas giratorias, que no sólo pueden moverse por sí solas, sino que saben a veces hablar: se las interroga y responden.
A Rivail no le agradaba que se burlasen de él. Aceptaría el fenómeno cuando lo viera con sus propios ojos. Por algo poseía una mente lúcida, científica. Una mesa es un objeto inanimado que carece de cerebro para pensar y nervios para sentir. Lo que Fortier deseaba mostrarle era un truco para engañar a las señoras ignorantes. No consiguió Fortier que Rivail presenciase una de las sesiones, pero logró algo muy importante: despertar su curiosidad. En Rivail coexistían dos seres distintos, como sucede en todos los humanos: un crédulo y un incrédulo, un científico y un místico insatisfecho que quiso estudiar el hipnotismo y lo rechazó finalmente, por considerarlo pura superstición.
Sin embargo, se avino a acudir a casa de cierta madame Rogers, una prestigiosa médiums local. Las personas que encontró actuaban con admirable seriedad al referirse a los espíritus. Lo invitaron a asistir a una velada espiritista en casa de otra médium, madame Plainemaison, donde sería testigo de una invocación y una prueba de escritura automática. Fue entonces que conoció las mesas giratorias.
El fenómeno le pareció cosa muy seria
Se reveló en él una nueva fe, en la que intentaría profundizar. Estuvo presente, a partir de entonces, en todas las veladas celebradas en casa de esta señora Plainemaison. Allí conoció a los esposos Baudin, que organizaban sesiones semanales. Rivail descubrió entonces cosas extraordinarias, increíbles, y comenzó a investigar el origen de los fenómenos. Una de sus primeras conclusiones fue que los espíritus venidos del más allá eran el alma de los seres humanos fallecidos.
Las veladas celebradas en casa de los Baudin resultarían demasiado sencillas para el médico metido a investigador de los fenómenos psíquicos. Por lo general, el espíritu llegado del más allá tenía que contestar preguntas estúpidas, como dónde se encontraría un objeto extraviado o saber con qué príncipe encantador se casarían las jovencitas Baudin. Si las manifestaciones espiritistas iban a seguir siendo tan prosaicas, más valdría olvidarse de las veladas para siempre. Sus amigos insistieron en que esperase un poco más. Tal vez se presentase un espíritu más de acuerdo con su intelecto superior. Y finalmente, llegó un día cierto espíritu que se hacía llamar Céfiro, que se declaró ángel guardián de Rivail y prometió revelarle grandes secretos.

Este Céfiro declaró entonces que había conocido a Rivail en una existencia anterior, cuando vivían los dos en las Galias y eran excelentes amigos. Hipólito León Rivail era en aquellos días un sacerdote druida y se llamaba Allan Kardec. Fue suficiente para que Rivail adoptase este nombre, y por él sería conocido a partir de entonces.
Las relaciones entre ambos y con los demás espíritus serían magníficas, casi de familia. Entre los seres inmateriales venidos del más allá a entablar conversaciones con Kardec, por conducto de la mesa, estaban nada menos que San Juan Evangelista, San Agustín, San Luis, San Vicente de Paúl, Sócrates, Platón, Benjamín Franklin y el filosofo sueco Swedenborg. Ahora que llegarían visitantes de tanta importancia, Kardec escribió diversos cuestionarios, dispuesto a recibir respuestas claras e ilustrativas. Los espíritus no solo dictaron su doctrina y sus ideas al entusiasta converso, sino que ejercieron también control y censura.

El 25 de marzo de 1858, siendo las diez de la mañana, Kardec oyó unos golpes en una pared de su casa. Su esposa Amelia lo oyó también a su regreso del mercado. En la siguiente velada espiritista, Kardec preguntó quien había golpeado la pared. Le contestaron que fue un espíritu familiar, que se encontraría a su lado a todas horas, sobre todo para corregir los textos que estaba escribiendo, plagados de errores.
Inicia con el pie derecho su carrera de escritor
Rivail-Kardec era un hombre inestable, Céfiro le había anunciado que debía crear una nueva religión, hermosa y grande, digna del Creador. Existían ya las bases. Solo faltaba que Allan Kardec iniciase la tarea. No tardo, gracias al apoyo de Céfiro, en aparecer publicada una síntesis de las respuestas llegadas del más allá. Era el Libro de los espíritus, que contenía los principios de la doctrina espiritista sobre la naturaleza de los seres del más allá, de sus manifestaciones y sus relaciones con los humanos, las leyes morales, la vida presente, la vida futura y el porvenir de la humanidad.
Era un volumen de 500 páginas impreso en dos columnas. En la izquierda estaban las preguntas hechas a los espíritus y a la derecha las respuestas. Ningún editor se había atrevido a publicar el libro, así que Kardec se arriesgó a hacer la edición por su cuenta. Resultó de ella un éxito a nivel nacional. El éxito de la obra se debió, en gran parte, al atractivo que ofrecía la doctrina de la reencarnación en un pueblo como era el francés, que en los últimos años había repudiado el pesimismo cristiano. También había intervenido la publicidad y la organización de los espiritistas. El libro se convirtió en una pieza litúrgica y mucha gente llegó a creer que, con solo tocarlo, se enriquecía su alma y se harían realidad sus esperanzas.
Después de aquel libro, Allan Kardec redactó un opúsculo, con la ayuda de los espíritus, al que tituló El espiritismo en su más simple expresión, que venía a ser un pequeño breviario del espiritismo. En todas las capas sociales se puso de moda adherirse a la nueva religión, ante el desconcierto del clero francés. Uno de los hombres que con mayor entusiasmo se dedicaron al espiritismo fue el escritor Víctor Hugo. Profundamente trastornado desde la muerte de su hija Leopoldina, conversaba con ella a diario, en su casa de Jersey. En una época en que Francia entera era anticlerical por sistema y republicana por virtud, las ideas de Kardec aportaban a los enemigos de Napoleón III un espíritu liberal y científico en grado sumo.
Por aquellos días, los espíritus anunciaron a Allan Kardec que le quedaban 10 años de vida. Debía terminar a tiempo su tarea. Fundó entonces una revista mensual, a la que llamó La revista espiritista, en las que aparecieron periódicamente las palabras pronunciadas desde el más allá por santos y filósofos. No contento con lo anterior, el promotor de la nueva fe fundó el 1° de abril de 1858 la Sociedad de Estudios Espiritistas. Otro cualquiera no hubiera recibido permiso de las autoridades, pero en el Gobierno miraban a Kardec con buenos ojos. Era un buen francés, respetuoso y patriota.
El movimiento espiritista parecía ahora oficina de negocios. La esposa de Kardec fue designada secretaria de la revista, además de archivista y lectora de recortes de periódicos. Mientras tanto, el marido seguía escribiendo. En 1861 apareció el Libro de los médiums y en 1864 apareció el Evangelio según el espiritismo. En 1868 vio la luz otra obra: El Génesis, los milagros y las predicciones según el espiritismo. Al mismo tiempo creaba una vasta red cuyo consejo supremo dirigía personalmente desde el número 59 de la rue Sainte-Anne, en París. Recorrió todo el país, realizando tareas proselitistas. En Lyon lo clamaron 30.000 discípulos suyos y en Burdeos lo llamaron “elegido de Dios”. Kardec se sentía feliz. Se aproximaba el plazo fijado por Céfiro y los demás espíritus, pero no le importaba. Estaba seguro de que su doctrina sería muy pronto universal y desplazarían a las otras, ya caducas.
No todos lo recibieron con aplausos
No todos fueron aplausos para Kardec. En ciertos lugares se burlaron de él y en otros prohibieron sus libros. Supo que un librero de Barcelona había pedido una partida grande de sus obras, pero fueron decomisadas por órdenes del obispo. Como si estuviera en los tiempos de Juana de Arco, acusó al autor de hereje y mandó quemar sus libros frente a la catedral, ante una enorme concurrencia que ignoramos si aplaudía o censuraba en silencio una acción estúpida.
Molesto por lo sucedido, Allan Kardec interrogó a sus espíritus consejeros. Le aconsejaron no preocuparse, pues del absurdo acto de fe resultarían más lectores de sus libros y más adeptos de sus ideas. Sus doctrinas se extenderían por todo el mundo. Nueve meses después del acto de fe moría el obispo de Barcelona. ¿Coincidencia o castigo del más allá? Pero lo más increíble de la muerte del prelado fue que, al ser convocado poco después el espíritu del obispo, confesó su crimen. Se mostró arrepentido de cuanto hizo y describió los castigos que suelen aplicar en el otro mundo. Decía que una voz horrible no dejaba de gritarle a todas horas –las horas suelen ser infinitamente más largas en el más allá- las siguientes palabras: “Quemaste las ideas y las ideas te quemarán!”.
Poco tiempo después moría Allan Kardec, no sin haber presenciado antes una lamentable escisión en el seno de sus seguidores inmediatos. El 31 de marzo de 1869 dejó de existir en su gabinete de trabajo. Tuvo tiempo de dar consignas a sus discípulos, entre los que figura al astrónomo Camilo Flammarion, autor del libro La muerte y sus misterios, en el que recogía las enseñanzas del maestro.
Aunque parezca difícil de creer, casi siglo y medio después de su muerte, el culto a Kardec sigue en pie y su sepultura es visitada todavía por numerosos simpatizantes de sus ideas. Y sus libros siguen siendo best-seller. Sus restos se hallan en el panteón del Pére Lachaise, al este de París, bajo un dolmen bretón erigido por sus discípulos.

martes, 26 de octubre de 2010

¿QUE ES EL ESPIRITISMO?

¿QUÉ ES EL ESPIRITISMO?
Introducción al conocimiento del Mundo Invisible por las manifestaciones de los espíritus
Autor: Alan Kardec
PARTE III
Desde el punto de vista religioso, el Espiritismo tiene por base las verdades fundamentales de todas las religiones: Dios, el alma, la inmortalidad, las penas y las recompensas futuras, pero es independiente de todo culto particular.
Su fin es probar la existencia del alma a los que la nieguen o dudan de ella; que sobrevive al cuerpo, y que sufre después de la muerte las consecuencias del bien o del mal que ha hecho durante la vida corporal, lo cual pertenece a todas las religiones.
Como creencia en los espíritus, pertenece a todas las religiones y forma parte de todos los pueblos, puesto que donde hay hombres hay almas o espíritus, y puesto que las manifestaciones han tenido lugar siempre, y su relato se encuentra en todas las religiones sin excepción.
Se puede ser, pues, griego o romano, protestante, judío o musulmán, y creer en las manifestaciones de los espíritus, y por consiguiente, ser espiritista; la prueba está en que el Espiritismo tiene adeptos en todas las sectas.
Como moral, es esencialmente cristiano, porque la que enseña no es más que el desarrollo y la aplicación de la de Cristo, la más pura de todas y cuya superioridad no es negada por nadie; prueba evidente de que es la ley de Dios, y que la moral está a disposición de todo el mundo.
Siendo independiente el Espiritismo de toda forma de culto, no prescribiendo ninguno, y no ocupándose de dogmas particulares, no es una religión especial, porque no tiene sacerdotes ni templos. A los que le preguntan si hacen bien o mal en seguir tal o cual práctica, responde:
Si creéis vuestra conciencia obligada a hacerlo, hacedlo: Dios tiene siempre en cuenta la intención.
En una palabra, no se impone a nadie; no se dirige a los que, teniendo fe, están satisfechos con ella, sino a la numerosa categoría de los vacilantes e incrédulos.
No los arrebata a la iglesia, puesto que moralmente se han separado de ella total o parcialmente; les hace recorrer las tres cuartas partes del camino para volver a aquélla, a la cual toca hacer lo demás.
Es verdad que el Espiritismo combate ciertas creencias, tales como las penas eternas, el fuego material del infierno, la personalidad del diablo, etc.,
¿pero no es verdad que estas creencias, impuestas como absolutas, han hecho en todas las etapas de la Humanidad incrédulos y los hacen aún hoy en nuestros días?
Y si el Espiritismo, dando a estos y a otros dogmas una interpretación racional, conduce a la fe a aquellos que la abandonan, ¿no presta un servicio a la religión?
Así es que un venerable eclesiástico decía con respecto a este asunto: “El Espiritismo hace creer algo, y vale más creer algo que no creer nada.”
No siendo los espíritus más que las almas, no pueden negarse aquéllos sin negar éstas.
Admitiendo las almas o espíritus, la cuestión, reducida a su más simple expresión, es ésta: ¿las almas de aquellos que han muerto pueden comunicarse con nosotros? El Espiritismo prueba la afirmación con hechos materiales: ¿qué prueba puede darse de que no sea posible? Si lo es, todas las negaciones del mundo no impedirán que lo sea, porque esto no es ni un sistema, ni una teoría, sino una ley de la Naturaleza, y contra las leyes de la Naturaleza es impotente la voluntad del hombre. Es, pues, preciso aceptar de buen o de mal grado las consecuencias y conformar a ellas sus creencias y sus costumbres.
CAPÍTULO PRIMERO
Breve conferencia espiritista
Diálogo primero. 
El crítico
Visitante. -Le diré a usted, caballero, que mi razón se resiste a admitir la realidad de los extraños fenómenos atribuidos a los espíritus que, estoy persuadido de ellos, sólo existen en la imaginación. No obstante, habríamos de inclinarnos ante la evidencia, y así lo haría yo, si pudiese tener pruebas irrecusables. Vengo, pues, a solicitar de su amabilidad el permiso de asistir únicamente, para no ser indiscreto, a una o dos sesiones a fin de convencerme, si es posible.
A. Kardec. -Caballero, desde el momento en que su razón se resiste a admitir lo que nosotros tenemos por hechos positivos, es porque la cree superior a la de todas las personas que no participan de sus opiniones. No pongo en duda su mérito, y no tengo ninguna pretensión en hacer superior mi inteligencia a la suya. Admita usted, pues, que yo vivo engañado, puesto que es la razón quien le habla, y asunto concluido.
V. -Sin embargo, seria un milagro, eminentemente favorable a su causa, que llegase a
convencerme a mi, que soy conocido como antagonista de sus ideas.
A. K. -Lo siento, pero no tengo el don de hacer milagros.
¿Usted cree que una o dos sesiones bastarían para convencerle? Sería, en efecto, un verdadero milagro. Yo he necesitado más de un año de trabajo para convencerme a mi mismo, lo que le prueba que, si soy espiritista, no ha sido de ligeras. Por otra parte, caballero, yo no doy sesiones, y según parece, usted está equivocado sobre el objeto de nuestras reuniones, dado que no hacemos experimentos para satisfacer la curiosidad de nadie.
CONTINUARA...

jueves, 21 de octubre de 2010

¿QUE ES EL ESPIRITISMO?


¿QUÉ ES EL ESPIRITISMO?
Introducción al conocimiento del Mundo Invisible por las manifestaciones de los espíritus
Autor: Alan Kardec
PARTE II
Los golpes y los movimientos son, para los espíritus, un medio de atestiguar su presencia y llamar sobre ellos la atención, de la misma manera que lo haría una persona para avisar que alguien llama.
Los hay que no se limitan a ruidos moderados, sino que producen un alboroto semejante al de la vajilla cuando se rompe, al de las puertas cuando se abren y cierran o al de los muebles cuando son arrastrados por el suelo.
Por medio de estos golpes y movimientos convencionales han podido expresar sus pensamientos: pero la escritura ha puesto a su alcance un medio más completo, más rápido y más cómodo, y por esto la prefieren a todos los otros.
Por la misma razón que pueden formar caracteres, pueden guiar la mano para hacer trazar dibujos, escribir música, ejecutar un trozo de ella en un instrumento cualquiera; en una palabra, en defecto de su propio cuerpo, que no tienen ya, se sirven del cuerpo del médíum para manifestarse a los hombres de una manera palpable.
Los espíritus pueden también manifestarse de muchas maneras, entre otras por la visión y por la audición.
Ciertas personas llamadas médiums auditivos tienen la facultad de oírles, y pueden así conversar con ellos; otros los ven: éstos son médiums videntes.
Los espíritus que se manifiestan a la vista se presentan generalmente bajo una forma análoga a la que habían tenido durante su vida, pero vaporosa: otras veces esta forma tiene todas las apariencias de un ser viviente, hasta el extremo de producir completa ilusión y de que a veces se les haya tomado por personas de carne y hueso, con las cuales se ha podido hablar y cambiar apretones de manos, sin saber que se trataba con los espíritus más que por su desaparición instantánea.
La vista general y permanente de los espíritus es muy rara, pero las apariciones individuales son muy frecuentes, sobre todo en el momento de la muerte.
El espíritu, desprendido del cuerpo, parece que se da prisa en ir a ver a sus parientes y amigos, como para advertirles que acaba de dejar la Tierra y manifestarles que vive aún. Evoque cada uno sus recuerdos, y entonces verá cuántos hechos auténticos de este género, de los cuales no se ha hecho caso, han tenido lugar, no solamente por la noche durante el sueño, sino en pleno día y en el estado más completo de vigilia.
En otro tiempo se miraban estos hechos como sobrenaturales y maravillosos, y se atribuían a la magia y a la brujería; hoy los incrédulos los achacan a la imaginación; pero desde que la ciencia espiritista ha dado la clave de ellos, se sabe cómo se producen y que no salen del orden de los fenómenos naturales.
El Espiritismo, sin embargo, no es un descubrimiento moderno; los hechos y los principios en que descansa se pierden en la oscuridad de los tiempos, porque se encuentran sus huellas en las creencias de los pueblos, en todas las religiones, en la mayor parte de los escritores sagrados y profanos, sólo que los hechos incompletamente observados han sido interpretados con frecuencia con arreglo a las ideas supersticiosas de la ignorancia, y sin haber deducido de ellos todas las consecuencias.
En efecto, el Espiritismo está fundado en la existencia de los espíritus, pero no siendo éstos más que las almas de los hombres, desde que hay hombres hay espíritus.
El Espiritismo, pues, ni los ha descubierto ni inventado.
Si las almas o espíritus se manifiestan a los vivos, es porque esto es natural, y desde luego han debido hacerlo en todas las épocas.
Así es que de todas ellas y en todas partes se hallan pruebas de sus manifestaciones, las cuales abundan, mayormente, en los relatos bíblicos.
Lo moderno es la explicación lógica de los hechos, el conocimiento más completo de la naturaleza de los espíritus, de su misión y de su modo de obrar, la revelación de nuestro estado futuro, y en fin, su constitución en cuerpo científico y doctrinario y sus diversas aplicaciones.
Los antiguos conocían el principio, los modernos conocen los detalles.
En la antigúedad, el estudio de esos fenómenos era privilegio de ciertas clases, que no los revelaban más que a los iniciados en sus misterios.
En la Edad Media, aquellos que se ocupaban de ellos ostensiblemente eran mirados como hechiceros y se les quemaba.
Pero hoy no hay misterios para nadie, a nadie se quema, todo se hace a la luz del día, y todo el mundo está dispuesto a ilustrarse y a practicar, porque en todas partes se encuentran médiums y cada uno puede serlo, más o menos.
La doctrina que enseñan hoy los espíritus no tiene nada de nuevo; se encuentran fragmentos de ella en la mayor parte de los filósofos de la India, de Egipto y de Grecia, y completa en la enseñanza de Cristo.
¿A qué viene, pues, el Espiritismo?
A confirmar con nuevos testimonios, a demostrar con hechos, verdades desconocidas o mal comprendidas, y a restablecer en su verdadero sentido aquellas que han sido mal interpretadas o voluntariamente alteradas.
Cierto es que el Espiritismo no enseña nada nuevo: ¿pero es poco probar de una manera patente e irrecusable la existencia del alma, la supervivencia al cuerpo, su individualidad después de la muerte, su inmortalidad, las penas y las recompensas futuras?
CONTINUARA...

lunes, 18 de octubre de 2010

¿QUE ES EL ESPIRITISMO?


¿QUÉ ES EL ESPIRITISMO?
Introducción al conocimiento del Mundo Invisible por las manifestaciones de los espíritus
Autor: Alan Kardec
PARTE I
En el año 1848, llamaron la atención en los Estados Unidos de América diversos fenómenos extraños, que consistían en ruidos, golpes y movimientos de objetos sin causa conocida.
Estos fenómenos, con frecuencia, tenían lugar espontáneamente con una intensidad y persistencia singulares; pero se notó también que se producían, más particularmente, bajo la influencia de ciertas personas que se designaron con el nombre de médiums.
Quienes podían, hasta cierto punto, provocarlos a su voluntad, lo que permitió repetir los experimentos.
Con preferencia se servían de mesas, no porque este objeto fuese más a propósito que otro, sino únicamente porque es movible, más cómodo y porque podemos más fácil y naturalmente sentarnos junto a una mesa que junto a cualquier otro mueble.
Se obtuvo de este modo la rotación de la mesa, después movimientos en todas direcciones, saltos, caídas, elevaciones, golpes violentos, etc.
Este fenómeno fue designado, en un principio, con el nombre de mesas giratorias o danza de las mesas.
Hasta aquí el fenómeno podía explicarse perfectamente por una corriente eléctrica o magnética, o por la acción de un fluido desconocido, y ésta fue la primera opinión que se formó.
No tardó en reconocerse, en estos fenómenos, efectos inteligentes de manera que los movimientos obedecían a la voluntad; la mesa se dirigía a la derecha o a la izquierda de una persona determinada, se levantaba, cuando se le mandaba, sobre uno o dos pies, daba los golpes que se le pedían, marcaba el compás. etc.
Quedó probado desde entonces.
Con evidencia, que la causa no era puramente física, y según el axioma de que si todo efecto tiene una causa, todo efecto inteligente debe tener una causa inteligente, se dedujo que la causa de este fenómeno debía ser una inteligencia.
¿Cuál era su naturaleza?
Esta era la cuestión.
El primer pensamiento fue que podía ser un reflejo de la inteligencia del médium o de los asistentes, pero la experiencia demostró muy pronto la imposibilidad de que así fuese, porque se obtuvieron cosas completamente ajenas al pensamiento y conocimiento de las personas presentes, y hasta en contradicción con sus ideas, su voluntad y sus deseos; no podía proceder sino de un ser invisible.
El medio de cerciorarse de esto era muy sencillo: se trató de entrar en conversación con
aquel ser, lo que se hizo por medio de un convenido número de golpes que significaban sí o no o designaban las letras del alfabeto, y se obtuvieron de este modo respuestas a las diferentes preguntas que se le hacían.
Este fue el fenómeno que se designó con el nombre de mesas parlantes.
Preguntados todos los seres que se comunicaban de este modo sobre su naturaleza, declararon ser espíritus y pertenecer al mundo invisible.
Habiéndose producido los mismos efectos en un gran número de localidades, por medio de diferentes personas, y siendo observados, además, por hombres muy respetables y muy ilustrados, no era posible que fuesen juguete de una ilusión.
Este fenómeno, desde América, pasó a Francia y al resto de Europa, y durante algunos años, las mesas giratorias o parlantes estuvieron de moda, llegando a ser la diversión de los salones.
Luego, el fenómeno presentó un nuevo aspecto que le hizo salir del círculo de simple curiosidad.
Las comunicaciones por golpes eran lentas e incompletas; se notó que adaptando un lápiz a un objeto movible, como una cestita, tablita u otra cosa sobre la cual se apoyaban los dedos, se ponía el objeto en movimiento y trazaba caracteres.
Más tarde, se reconoció que aun estos objetos no eran más que accesorios, de los cuales se podía prescindir.
La experiencia demostró que el espíritu, obrando sobre un cuerpo inerte para dirigirlo a su voluntad, podía tener acción del mismo modo sobre el brazo o la mano para conducir el lápiz.
Entonces se obtuvieron médiums escribientes, esto es, personas que escribían de una manera involuntaria a impulso de los espíritus, las cuales venían a ser de este modo instrumentos e intérpretes de los espíritus.
Desde este momento, las comunicaciones no tuvieron limites y el cambio de pensamientos pudo hacerse con tanta rapidez y extensión como entre los vivos.
Era, pues, un vasto campo abierto a la exploración, un descubrimiento de un nuevo mundo: el mundo de los invisibles, como el microscopio había hecho descubrir el mundo de los infinitamente pequeños.
¿Qué espíritus son éstos?
¿Qué destino tienen en el Universo?
¿Con qué fin se comunican con los mortales?
Tales fueron las primeras preguntas que se trataron de resolver.
Se supo muy pronto, por ellos mismos, que no son seres excepcionales en la Creación, sino las mismas almas de aquellos que han vivido en la Tierra o en otros mundos; que estas almas, después de haberse despojado de la envoltura corporal, pueblan y recorren el espacio.
No fue ya lícito ponerlo en duda cuando entre ellos se reconocieron parientes y amigos, con los cuales se pudo entablar conversación, al venir a dar pruebas de su existencia, a demostrar que sólo muere el cuerpo, que el alma o espíritu vive siempre; y nos hicieron comprender que están aquí a nuestro lado, como durante su vida, viéndonos, observándonos, rodeando solícitos a aquellos a quienes han amado y cuyo recuerdo es para ellos una dulce satisfacción.
CONTINUARA...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...