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lunes, 19 de noviembre de 2012

VIRGENES DEL SOL...


En la sociedad religiosa del antiguo Perú, se dice que las mujeres tenían un papel muy importante desde el punto de vista sagrado.
Acllahuasis ( Casa de las escogidas, También conocido como monasterio de las Vírgenes del Sol o mujeres elegidas)
Los Acllahuasis eran recintos o instituciónes religiosas en el imperio Inca, que eran una forma de comunidad femenina monástica, que reúne a un grupo de mujeres que vivian alejadas de sus comunidades dedicandose a oficios domesticos y cuya función era la de servir en los lugares de culto, la asistencia para el fuego sagrado del RAYMI y la prestación de diversos ministerios para las iglesias y el Inca. Los acllahuasis fueron fundados en el Cuzco por el Inca Lloque Yupanqui (1260-1290 d.c).
Templo de las Virgenes del Sol 
Las niñas eran llevadas a los Acllahuasis a partir de los 10 años de edad, estas mujeres eran seleccionadas mediante convocatorias anuales que se celebraba en todo el imperio como pago de tributos de una comunidad hacia el inca o por voluntad propia.

Las mujeres residentes en los acllahuasis eran llamadas Ñustas o Acllas " Virgenes del Sol" y se establecian bajo las ordenes de las mamacunas, las cuales las cuidaban y vigilaban para que cumplan sus funciones religiosas.
Las acllas prestaban servicios en el templo, que incluia la preparación de las vestimentas para el Inca, la nobleza o aristocracia cuzqueña y ropas litúrgicas de los sacerdotes , tambien elaboraban productos ornamentales utilizados en ceremonias religiosas.
En el caso de acontecimientos extraordinarios, como la muerte de un Inca, o una grave sequia, se elegia una aclla para que fuese sacrificadas, pero solo en casos raros.
Ocultas en la ciudad sagrada de Machu Pichu, las llamadas "Vírgenes del Sol", estaban encargadas de misteriosos ritos solares (de ahí el nombre).
La ciudad de Machu Pichu, muy vinculada a los cultos Solares, era una gran necrópolis, ya que estas mujeres sagradas eran enterradas dentro del recinto sagrado.
Las vírgenes del Sol eran las encargadas de mantener encendido el Fuego Sagrado y también se cuenta que en algunas noches, mediante una gran piedra verde(esmeralda), captaban el poder de las estrellas y que les otorgaba el don de la videncia.
Al parecer en Cuzco existía una especie de escuela de sacerdotisas, donde las mujeres sagradas eran iniciadas en ciertos rituales y ceremonias sagradas, como es el caso de la fabricación del licor de maíz fermentado, que se bebía en las fiestas del Sol.
Según algunas investigaciones, el Rey Inca, podía elegir esposa entre estas mujeres sagradas.
La mujer sacerdotisa elegida, se convertía en la compañera del Dios Vivo.
Las vírgenes del Sol eran sacerdotisas dedicadas sólo y exclusivamente al servicio del Sol ni el Inca se atrevía a mirar a una Vírgen del Sol dado que éstas eran sagradas.
Si bien el Inca tenía muchas esposas, a éstas las escogía de otra casa que era la de las Vírgenes del Inca, doncellas especialmente preparadas para servir al Inca y que podían ser escogidas como esposas secundarias del rey. 

jueves, 15 de noviembre de 2012

MAMAKILLA...


Como en la mayoría de los pueblos originarios de nuestra Tierra, la Gran Reina de la Noche era venerada como Gran y Temida Diosa Nocturna, guardiana de las profundidades e íntimamente conectada a la Mujer.
En La cosmovisión originaria de los Andes, la Diosa Luna, era llamada en voz quechua: Quilla Mama (Mamakilla tb). 
Hermana y esposa del Padre Sol (Taita Inti) ella era la guardiana y protectora del aspecto femenino de la Cosmovisión Quechua.
n hoy podemos encontrar vestigios de sus diferentes Templos, (especialmente en Perú y Bolivia) a los cuales acudían una enorme cantidad de ñustas sacerdotisas que le rendían culto.

Las sacertodisas de la luna eran conocidas como grandes sanadoras y mujeres muy sabias.
Las pequeñas niñas que ingresaban en los templos aprendían de las mayores, quienes les iban compartiendo los secretos de las plantas medicinales, los ritos, y las ceremonias Lunares.
La conexión con QuillaMama es la que le otorga a la mujer los secretos de la magia, el encanto, la belleza, la fuerza de lo invisible, el conocimiento de los ciclos y la sabiduría femenina. 
Así también es Ella quien le recuerda su inestabilidad y vulnerabilidad.

Es a ella a quién ofrendaban las mujeres andinas para pedir protección para las niñas, a las parturientas y a los bebés recién nacidos.
Era quién de acuerdo a sus ciclos marcaba los periodos de fertilidad de la PachaMama, La Madre Tierra, así como también marcaba la fertilidad de las mujeres y las ayudaba a desarrollar sus poderes de visionarios y de sanación.
Existe un mito sobre la infidelidad de Quillamama al Sol. Resulta que un hermoso zorro se había enamorado de la diosa y le imploraba siempre que accediera a sus requerimientos, hasta que una noche ella soltó una soga de plata por donde el amante ascendió.

Así se unieron para no separarse jamás.
Cuentan los indígenas que al zorro aún se le puede ver como una silueta que cubre la superficie de la Madre Luna.

miércoles, 5 de octubre de 2011

LOS SALVAJES...


Los salvajes, el descubrimiento de otras realidades
Cuenta Cristóbal Colón en sus diarios que al arribar a Guanahaní, al amanecer del día 12 de octubre de 1492, y bajar a tierra para llevar a cabo la toma de posesión de la isla, muchos nativos se congregaron y realizaron intercambios de pequeños objetos con los recién llegados.
Era el primer encuentro entre dos mundos que iban a chocar irremisiblemente y que, más adelante, acabarían coexistiendo con mayor o menor éxito durante siglos.
Aquel momento en el que los primeros españoles pisaron el Caribe y se encontraron con los ‘indios’ debió ser un hecho único y trascendental, puesto que inauguraba una experiencia colonial cuyas huellas modificarían profundamente la cultura de ambas partes implicadas.
De hecho, así lo transmiten las primeras crónicas españolas, en las que se hace patente la sensación de absoluta novedad, de virginidad intelectual, que experimentaron los pioneros de la conquista.
Hay que pensar, sobre todo, en el hecho de que no tenían referencias con las que comprender lo que veían, las exóticas realidades que se abrían ante sus ojos.
Así que, oscilando entre el miedo y la fascinación, recurrieron a su imaginario colectivo, y buscaron en el acerbo cultural de su tiempo asideros con los que construir una imagen del Nuevo Mundo y, sobre todo, de sus habitantes.
Así fue como los salvajes tomaron forma. No porque existieran verdaderamente y fueran aquellos indígenas que encontraron Colón y sus hombres, sino porque ya habían sido creados mucho antes en la cultura occidental; porque estaban en la mente de los expedicionarios quienes, sencillamente, creyeron haberlos descubierto. 
El concepto del salvaje que se había generalizado en Europa durante la Baja Edad Media era solamente el último eslabón de una larga cadena cuyo origen se sitúa en la Antigüedad clásica, pero fueron los griegos quienes delimitaron el concepto de salvaje como contraposición a lo domesticado o dominado.
A su vez, lo salvaje estaba relacionado con lo bárbaro porque eran dos niveles de civilización, si bien entre ambos se establecieron diferencias sustanciales. Mientras que la barbarie tenía una dimensión fundamentalmente política, el salvajismo comportaba un significado moral y se entendía como un estado en el que cualquier individuo podía caer si se alejaba de la civilización.
Los investigadores que han tratado la génesis del concepto de salvaje en la civilización occidental han tendido a restringir su análisis a la cultura clásica y al judaísmo, olvidando que anteriormente aparecen estereotipos muy similares a los de estas tradiciones.
En los mitos sumerios destaca el personaje de Enkidu que es descrito como un hombre con rasgos bestiales y cubierto enteramente de pelo.
Por otra parte, también existió una visión mucho más minoritaria, a la par que positiva de la figura del salvaje; se trata del ‘buen salvaje’, que se inicia en el siglo XVI y alcanza su mayor auge en el siglo XVIII, y que llevó a plantear la bondad de los ‘hombres salvajes’ como conservadores de la pureza original de la humanidad. Según esta idea no serían monstruos horribles, sino seres humanos primitivos que desconocían la tecnología y la cultura, pero que en su simplicidad no eran capaces de hacer ningún mal.  Así pues, lo más probable es que los españoles que descendieron aquel 12 de octubre de 1492 a las arenas de la isla de Guanahaní no vieran a un grupo de habitantes indígenas, sino a un conjunto de aquellos ‘salvajes’ tan presentes en la imaginación de Europa.
Esto explica, aunque para nada justifica, muchos de los comportamientos de los españoles hacia los indígenas. Y es que, eligiesen la opción que eligiesen, la del ‘buen salvaje’ o la del monstruo bestial y degenerado, el habitante del Nuevo Mundo quedaba siempre confinado a una categoría inferior. O era un ser maligno al que había que dominar, o una criatura ingenua que no conocía la verdad y a quien había que enseñar a vivir en sociedad, con lo que su papel no cambiaba sino en las formas de recibir el poder de los conquistadores. 
Primeros indios que encontró Colón, grabado de siglo XVIII, Biblioteca Nacional, Madrid Revista Memoria, Historia de cerca, nº XXXI.
http://www.facebook.com/pages/Memoria-la-Historia-de-cerca/296084463164
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