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martes, 13 de octubre de 2009

HIDRA DE LERNA

HIDRA DE LERNA
La Hidra de Lema pertenece a una segunda generación de monstruos espantosos descendientes directos de Gea, la madre Tierra.
Su padre era Tifón, un gigante aterrador; y su madre era Quidna, de cuya unión nacieron cuatro horribles seres; el Can Cerbero, la Quimera, La Hidra de Lema y Ortros, el perro de dos cabezas.
Desde Hesíodo, que será el primero que la describa, se la ha representado siempre como un monstruo de múltiples cabezas; unos dicen que siete, otros que nueve, otros que cincuenta.
En Grecia la imaginaban como un gigantesco perro de nueve cabezas; sin embargo, su aspecto ha evolucionado con el paso del tiempo y desde la Edad Media se la representa con cuerpo de dragón.
Habitaba en un pantano próximo a la ciudad de Lema, en Grecia, donde era temida por los terribles estragos que causaba con la fuerza de sus pezuñas y su aliente letal.
Mas desanimante para los griegos era tratar de matarla, pues sus cabezas se reproducían cuando alguien las cortaba.
Solo había un método para acabar con la bestia, y era quemarle cada uno de los cuellos al cortarle las cabezas, pero ¿Quién podría tener tanto valor como para enfrentarse a esta fiera?
Heracles, conocido por los romanos con el nombre de Hércules, fue el héroe encargado de darle muerte a la Hidra, aunque no lo hizo por propia voluntad, sino en cumplimiento del castigo que se le había impuesto.
Y tampoco pudo hacerlo solo, pues necesito la ayuda de su sobrino Yolao para matarla.
Al igual que debe demostrarse que un santo ha realizado tres milagros para poder ser canonizado, en la mitología griega, los héroes deben dar muerte a dos monstruos como mínimo para poder ser considerados como tales.
Heracles supero con creces el número de bestias que debía aniquilar.
Por haber matado a sus hijos en un ataque de locura, le impusieron a Heracles un duro castigo: durante 12 años seria sometido a terribles pruebas y, solo si las superaba, su culpa quedaría expiada.
La primera prueba consistió en matar al León de Nema y la segunda e hacer lo propio con la Hidra de Lema.
Hasta el pantano de Lema se tuvo que desplazar Heracles para acabar con la Hidra, pero al cortarle la primera cabeza, descubrió con sorpresa que nacían dos en su lugar.
Desesperado por la situación, Heracles pidió ayuda a su sobrino Yolao.
Entre los dos fueron acabando con la Hidra, pues cada vez que Heracles le cortaba una, Yolao le quemaba el cuello con una antorcha.
Como la ultima de las cabezas era inmortal, Heracles se la arrancó y le colocó encima una enorme piedra.
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