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miércoles, 5 de octubre de 2011

LOS SALVAJES...


Los salvajes, el descubrimiento de otras realidades
Cuenta Cristóbal Colón en sus diarios que al arribar a Guanahaní, al amanecer del día 12 de octubre de 1492, y bajar a tierra para llevar a cabo la toma de posesión de la isla, muchos nativos se congregaron y realizaron intercambios de pequeños objetos con los recién llegados.
Era el primer encuentro entre dos mundos que iban a chocar irremisiblemente y que, más adelante, acabarían coexistiendo con mayor o menor éxito durante siglos.
Aquel momento en el que los primeros españoles pisaron el Caribe y se encontraron con los ‘indios’ debió ser un hecho único y trascendental, puesto que inauguraba una experiencia colonial cuyas huellas modificarían profundamente la cultura de ambas partes implicadas.
De hecho, así lo transmiten las primeras crónicas españolas, en las que se hace patente la sensación de absoluta novedad, de virginidad intelectual, que experimentaron los pioneros de la conquista.
Hay que pensar, sobre todo, en el hecho de que no tenían referencias con las que comprender lo que veían, las exóticas realidades que se abrían ante sus ojos.
Así que, oscilando entre el miedo y la fascinación, recurrieron a su imaginario colectivo, y buscaron en el acerbo cultural de su tiempo asideros con los que construir una imagen del Nuevo Mundo y, sobre todo, de sus habitantes.
Así fue como los salvajes tomaron forma. No porque existieran verdaderamente y fueran aquellos indígenas que encontraron Colón y sus hombres, sino porque ya habían sido creados mucho antes en la cultura occidental; porque estaban en la mente de los expedicionarios quienes, sencillamente, creyeron haberlos descubierto. 
El concepto del salvaje que se había generalizado en Europa durante la Baja Edad Media era solamente el último eslabón de una larga cadena cuyo origen se sitúa en la Antigüedad clásica, pero fueron los griegos quienes delimitaron el concepto de salvaje como contraposición a lo domesticado o dominado.
A su vez, lo salvaje estaba relacionado con lo bárbaro porque eran dos niveles de civilización, si bien entre ambos se establecieron diferencias sustanciales. Mientras que la barbarie tenía una dimensión fundamentalmente política, el salvajismo comportaba un significado moral y se entendía como un estado en el que cualquier individuo podía caer si se alejaba de la civilización.
Los investigadores que han tratado la génesis del concepto de salvaje en la civilización occidental han tendido a restringir su análisis a la cultura clásica y al judaísmo, olvidando que anteriormente aparecen estereotipos muy similares a los de estas tradiciones.
En los mitos sumerios destaca el personaje de Enkidu que es descrito como un hombre con rasgos bestiales y cubierto enteramente de pelo.
Por otra parte, también existió una visión mucho más minoritaria, a la par que positiva de la figura del salvaje; se trata del ‘buen salvaje’, que se inicia en el siglo XVI y alcanza su mayor auge en el siglo XVIII, y que llevó a plantear la bondad de los ‘hombres salvajes’ como conservadores de la pureza original de la humanidad. Según esta idea no serían monstruos horribles, sino seres humanos primitivos que desconocían la tecnología y la cultura, pero que en su simplicidad no eran capaces de hacer ningún mal.  Así pues, lo más probable es que los españoles que descendieron aquel 12 de octubre de 1492 a las arenas de la isla de Guanahaní no vieran a un grupo de habitantes indígenas, sino a un conjunto de aquellos ‘salvajes’ tan presentes en la imaginación de Europa.
Esto explica, aunque para nada justifica, muchos de los comportamientos de los españoles hacia los indígenas. Y es que, eligiesen la opción que eligiesen, la del ‘buen salvaje’ o la del monstruo bestial y degenerado, el habitante del Nuevo Mundo quedaba siempre confinado a una categoría inferior. O era un ser maligno al que había que dominar, o una criatura ingenua que no conocía la verdad y a quien había que enseñar a vivir en sociedad, con lo que su papel no cambiaba sino en las formas de recibir el poder de los conquistadores. 
Primeros indios que encontró Colón, grabado de siglo XVIII, Biblioteca Nacional, Madrid Revista Memoria, Historia de cerca, nº XXXI.
http://www.facebook.com/pages/Memoria-la-Historia-de-cerca/296084463164
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