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martes, 21 de septiembre de 2010

LA PSICOLOGIA DEL SIMBOLISMO

LA PSICOLOGÍA DEL SIMBOLISMO

PARTE I

RALPH M. LEWIS.   

Un símbolo en un signo o gesto representativo de una idea. Pensamos en términos de imágenes. Cada pensamiento está identificado con una imagen relacionada con él. Cuando percibimos visualmente un objeto, tiene un significado directo o indirecto para nosotros. Si hemos experimentado antes el objeto, entonces estamos conscientes otra vez de la idea asociada con él. Aún si no hemos visto antes el objeto, puede tener identidad y significado para nosotros, si está inmediatamente asociado con el recuerdo de algo que en alguna medida, ha sido visto antes.
Por analogía, a través de un campo extenso vemos un objeto distante que es oscuro y largo, pero a la vez confuso. A pesar de que no estamos seguros acerca del objeto, pensamos que es una casa o un granero. Estamos recordando, por asociación, una experiencia similar cuando un verdadero granero o una casa, parecían indistintos a la distancia.
Supongamos que estamos pensando en temas abstractos tales como la belleza y el amor. La belleza en sí misma no es una cosa. Más bien es una cualidad relacionada con algo. Por lo tanto, al pensar en la belleza, recordamos aquello que para nosotros tiene la cualidad de la belleza. El amor tampoco puede estar desligado de un objeto que es amado, o de aquellos actos relacionados con la expresión del amor. Así mismo, no podemos pensar en las sensaciones de nuestras otras cualidades sensoriales como el oído, el tacto, el gusto y el olfato, sin recordar alguna imagen relacionada con ellos.
No hay nada que sea completamente original, es decir, una idea virgen. Una idea puede ser original en su complejidad, o sea, en la totalidad de los elementos que la componen, pero no en sus elementos separados. Por ejemplo, un inventor puede idear un aparato para llevar a cabo una función completamente nueva. Sin embargo, las cosas de las cuales está formado el dispositivo, son similares en alguna cualidad, tal como esencia, color o forma, a otras cosas que son conocidas.
Hay ocasiones en que no queremos que nuestros pensamientos sean representados singularmente. En otras palabras, relacionarlos únicamente a un objeto, parecería muy restrictivo, no bastante general. Por analogía, volvamos a la idea abstracta del amor. Este es una emoción, pero amamos más de un objeto. Consecuentemente, ninguna sola cosa que amamos, puede realmente representar la extensión total de la emoción del amor. Nuestros ancestros consideraban al corazón como el centro de las emociones. Por lo tanto, trazaron un signo, un símbolo, de lo que ellos pensaron que era el corazón. Este significaba la emoción particular del amor, y más tarde otras emociones fueron también atribuidas a este símbolo.
SÍMBOLOS UNIVERSALES
Nuestro lenguaje escrito está compuesto de símbolos, palabras y combinaciones de letras, transmitiendo ideas de cosas tanto materiales como inmateriales. Todos estamos conscientes de que frecuentemente un cuadro transmite una mayor claridad de pensamiento acerca de un detalle, que una amplia descripción en palabras. Una vez que un signo o un símbolo ha tenido un significado específico, especialmente de un tema complejo atribuido a él, sirve entonces un propósito más práctico. Puede convertirse en universal, es decir, que tiene con frecuencia el mismo significado, sin importar las diferencias del lenguaje.
Un símbolo puede representar una combinación de ideas, aún cuando una puede ser la más dominante. Tomemos por ejemplo la bandera de un país. En primer lugar, la bandera significa una nación específica. Sin embargo, sus colores pueden simbolizar, de la misma manera, ciertas virtudes que se atribuyen al país, tales como libertad, justicia, verdad, etc. También hay símbolos compuestos, que consisten en varios símbolos unidos  por ejemplo, diseños heráldicos.
Consideremos algunos de los símbolos que ha inventado el hombre para representar objetos, emociones y abstracciones. El hombre prehistórico trazó símbolos toscos en las paredes de las cuevas, la mayoría de los cuales, no obstante, fueron simples intentos para simular lo más perfectamente posible lo que había experimentado en realidad, haciendo sus símbolos tan realísticos y representativos como fuera posible. El verdadero simbolismo llegó a estar más establecido con las civilizaciones antiguas.
Los símbolos del antiguo Egipto fueron abundantes. Seleccionaremos sólo unos cuantos como representativos. El lenguaje jeroglífico de Egipto representaba el concepto del alma como un pájaro con cara humana. En el lenguaje egipcio su nombre era Ba. Las alas de la figura sugieren el vuelo, o el ascenso del alma, aunque también se pensaba que ésta descendía a las profundidades de la Tierra. En la escritura jeroglífica un rectángulo es el signo de un templo. De hecho, casi todos los templos construidos por los egipcios tenían forma rectangular.
En la decimoctava Dinastía, durante el reinado de Akhnaton, el faraón concibió al Sol como un intermediario del único dios, a quien llamó Atón. Las radiaciones de las fuerzas cósmicas de este único dios, se mostraban emanando del Sol hacia la Tierra. Se dibujaron manos en el extremo de cada rayo en la superficie terrestre. Estas simbolizaban la fuerza divina de Atón dando vida y fecundidad a todos los seres vivientes.
Los faraones fallecidos eran transportados a través del Nilo a la ribera Oeste, al Valle de los Reyes, donde estaban localizadas las grandes tumbas. Los cuerpos eran colocados dentro de un féretro en forma de caja en el centro de un bote funeral ritualístico. El ataúd era diferente en apariencia a los féretros posteriores en forma de momia, pero llegó a ser el símbolo sagrado relacionado con los ritos funerarios. Se supuso que el simbolismo judío del Arca pudo haber estado influido de algún modo, por las referencias babilónicas y egipcias a este ataúd en forma de arca.
CONTINUARA
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