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martes, 27 de septiembre de 2011

AQUILES...



AQUILES
Fue hijo de la diosa Tetis y del mortal Peleo, rey de los mirmidones, un pueblo situado en la Tesalia meridional. 
Eran descendientes del rey Mirmidas, cuya hija fue seducida por Zeus que para la conquista de la bella princesa se metamorfoseó en una hormiga. Según el historiador Estrabón los mirmidones se dieron ese nombre porque sus tierras eran ingratas y eso les suponía, para poder labrar los campos, tener que retirar muchos pedruscos, para lo que formaban largas cadenas humanas, como hacen las hormigas. Cuando Tetis alumbró al niño, le llamo Aquiles que quiere decir "sin labios" ya que al principio no quería mamar la leche de sus pechos (curioso, dado el nombre materno). 
Tetis le quiso hacer invulnerable y, para ello, le sumergió en lago Estigia sujetándole por los talones que, de esta forma, quedaron secos y vulnerables. 
También se atribuía su invulnerabilidad a que Tetis cauterizó su cuerpo y lo cubrió de Ambrosía, el néctar de los dioses. Pero Peleo arrancó con violencia al niño de sus manos y, éste, quedó con un talón carbonizado, que Peleo sustituyó por la taba del gigante Damiso, célebre por su velocidad en la carrera. 
De ahí que se le nombrara como "el de los pies ligeros". 
También se le llamaba "el de la dorada cabellera", "el más valiente de los griegos", "Pelida", hijo de Peleo, etc. 
El niño fue confiado al centauro Quirón, quien le alimentó con fieros jabalíes, entrañas de león y médula de oso para aumentar su valentía; además, le enseñó el tiro con arco, el arte de la elocuencia y la curación de las heridas. 
La musa Caliope le enseñó el canto, y el profeta Calcante predijo que se le daría a escoger entre una vida corta y gloriosa o larga en años y anodina. 
El héroe escogió la primera y cobró fama por sus azañas y grandes aventuras, siendo, las últimas, las narradas en la Iliada.
La Iliada comienza con la ira de Aquiles, porque Agamenón, rey de los aqueos y jefe de la expedición griega contra Troya, se ha empeñado en quedarse con su esclava favorita, Briseida. 
En señal de protesta, Aquiles, con su ejército de mirmidones, decide mantenerse al margen de la batalla, en su campamento, junto a las naves griegas atracadas en las playas del Estrecho de los Dardanelos, cercano a Troya. 
Esta decisión supone un grave perjuicio para los aqueos (nombre genérico dado a los griegos de la época micénica) que son diezmados por los defensores de Ilión, la acosada ciudad troyana donde residía el rey Príamo, padre de Héctor y de Paris (Alejandro), el raptor de Helena, esposa de Menelao, el hermano de Agamenón.
Los pocos días de batallas del décimo año de la guerra contra Troya que abarca el poema de la Iliada, van transcurriendo con suerte alternativa para ambos ejércitos. 
Los aqueos tratan en varias ocasiones de conseguir que Aquiles abandone su pasividad y les ayude a conseguir la victoria, pero él se mantiene en sus trece hasta que su amado primo y ayudante, Patroclo, es muerto por Héctor, el líder troyano.
Los dioses, divididos en dos bandos y, en continuo ir venir del Olimpo, contemplaban la batalla desde el Monte Ida, situado a unos setenta kilómetros de Ilión, e intervenían en ella de forma encubierta encarnándose en héroes de apariencia humana. 
Unos apoyaban a los griegos y otros a los troyanos. Zeus actuaba de árbitro, tomando decisiones en favor de uno u otro bando según consideraba que debía equilibrar la marcha de la batalla. 
Apolo fue el dios que más se significó en el apoyo a los troyanos, no en balde la leyenda le atribuye la fundación de Troya.


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