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jueves, 11 de febrero de 2010

LA BRUJA MARUXIÑA LA BOTONA

LA BRUJA MARUXIÑA
LA BOTONA
Ubicación: Ourense - Galicia
Autor: Pedro Amorós
Existe una tradicional y curiosa leyenda que narra la existencia de una curiosa meiga que deambulaba por la zona de Ourense hace ya muchos años.
Se llamaba Maruxiña, a pesar de que las gentes la conocían como Maruxiña la Botona pues, para realizar sus tareas de clarividencia y adivinación utilizaba botones de hueso muy probablemente procedentes de vestidos antiguos de difuntos.
Maruxiña vagaba por los caminos en busca de algo en lo que centrarse.
Caminaba y transhumaba por las aldeas desempeñando variadas funciones.
Solía llevar, siempre asidos a la cintura, cinco o seis refajos y siempre calzaba unos gastados suecos.
Portaba un bastón de tojo y tenia la faltriquera llena de botones.
Algunos de estos eran blancos y otros negros.
Los primeros tenían que ser de hueso, y los segundos de asta de animal.
Los botones eran de tres tamaños: los grandes provenían de chaquetas o abrigos; los medianos, de corpiños o chalecos; y los pequeños, de ropa interior.
Según el ritual, tenían que proceder de la ropa de muertos y ser arrancados de la tela con un cuchillo, jamas con tijeras.
Llevaba a cabo esta operación de la siguiente manera: primero, clavaba el cuchillo en la tierra varias veces, mientras repetía
"Por la terra onde estadas mandaime a forza dos mortos",
luego, con el brazo en alto, trazaba en el aire unos circulos y decía
"Por lo aire a donde fuches, a sabiduría dos espíritus".
Una vez pronunciadas estas palabras, cortaba los hilos que sujetaban los botones a la prenda.
Realizados estos rituales, se guardaba los botones en la faltriquera, concretamente en una saca de tela de lino que colgaba escondida entre sus refajos.
Cuando daba con alguna persona que deseaba conocer su suerte, la sentaba a su lado y, tras una charla, comenzaba un ritual de adivinación.
La meiga hacia que su cliente metiese la mano en la faltriquera, primera la derecha y después la izquierda, y tras ello le pedía que sacara un puñado de botones con cada una.
Siempre había un tercio mas de botones blancos que de negros en la faltriquera.
Los puños del cliente permanecía bien cerrados hasta que la meiga le advertía que debía abrirlos.
Primero la mano derecha, después la izquierda y tirándolos luego al suelo, los interpretaba lentamente.
Aparte de los rituales, Maruxiña la Botona también confeccionaba amuletos y talismanes de protección, para las más diversas cosas.
Utilizaba para ello plumas de paloma, lechuza, cuervo, urraca o gaviota; también patas de arañas, saltamontes, avispas, hormigas, moscas o cucarachas.
Lo amasaba todo y juntaba con una pasta o pomada fabricada por ella misma, cuya composición jamás revelo.
La mayor parte de los ungüentos y pócimas antaño se realizaban con cera de abeja, a falta de vaselina de hoy en día, o la grasa de los animales.
Muchos de los antiguos "sacamantecas" la utilizaban para elaborar pomadas mágicas.
La meiga también utilizaba sangre de animales, y, sobre todo, lo mas importante, cuando se realizaban todo este tipo de cosas, se solía recitar alguna oración mágica, que se transmitía verbalmente de las brujas a sus discípulos; por ello, esa oración se perdió con la meiga Maruxiña la Botona.
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