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lunes, 18 de enero de 2010

¿SER PERFECTO O SER FELIZ?

¿SER PERFECTO O SER FELIZ?
PARTE I
“El fin de la vida humana es la perfección; no en el sentido de ser capaces de gestionar o gobernar todas las cosas (lo cual constituiría simplemente una gran interferencia en los experimentos de los demás), ni de tener que saber todos los hechos y leyes de la Naturaleza (porque lo que llamamos hechos no son más que formas pasajeras, y lo que llamamos leyes son sólo sus cualidades generales o propiedades) , sino en el sentido de no dejarse llevar por las circunstancias, y de actuar siempre partiendo de nuestro verdadero centro. Este descubrimiento del centro de nuestro ser, y la acción desde ese centro, significan que, bajo cualquier circunstancia, nuestras voluntad, amor y pensamiento no desfallecerán nunca, sino que fluirán sin esfuerzo, como el discurso de un orador experto o la melodía de un pianista excelente, no dejando lugar para cualquier excentricidad.”
Ernest Wood Natural Theosophy –Sophia No.234 Sept 2008
Sergio Sinay Periodista y terapeuta gestáltico
Querer “lo mejor” nos impide a menudo disfrutar de “lo bueno”.
Alcanzar la perfección es imposible y ser perfeccionista resulta frustrante.
Si entendemos que la vida no es una meta, sino un aprendizaje, y que cada desvío es una oportunidad para crecer, podremos, por fin, relajarnos y disfrutar del trayecto.
En un relato del escritor estadounidense Ray Bradbury, titulado La fruta en el fondo del tazón, un hombre comete un crimen durante la noche y, en su afan de no ser descubierto, empieza a borrar sus huellas de todos y cada uno de los objetos que tocó (o que cree haber tocado) en los momentos previos al asesinato.
Dedicado a dejar la escena del crimen en perfectas condiciones, se obsesiona hasta tal punto con su tarea que realiza de manera puntillosa y detallista, que pierde por completo la noción del tiempo.
Así, la noche transcurre sin que él lo advierta, sumido como está en la eliminación de las posibles pruebas incriminatorias.
Y así lo encuentra la policía, a la mañana siguiente, cuando llega al escenario del crimen.
Esta narración del autor de Crónicas marcianas y Fahrenheit 451 podría leerse como una metáfora sobre las consecuencias del perfeccionismo.
Cuando entramos en su laberinto, no hay salida.
Quizá, para entenderlo mejor, tendremos que establecer una diferencia entre perfección y perfeccionismo.
Algo es perfecto cuando consigue el desarrollo máximo de sus potencialidades, cuando sus cualidades y atributos se desenvuelven en plenitud.
Es decir, hay un momento en que la perfección se advierte, queda consumada.
Hay un fin para la perfección y este asoma cuando queda consagrada.
La perfección es la mejor versión posible de algo.
El perfeccionismo, en cambio, es la búsqueda interminable de la perfección.
La persona perfeccionista va detrás de una zanahoria que nunca podrá alcanzar.
Nunca llega, siempre considera que falta algo, está convencida de que todavía se puede conseguir más, que la tarea o el vínculo es mejorable.
Y va por más.
Lo curioso es que, aunque vaya, muchas veces no se mueve.
Esta es una característica del perfeccionista, del que exige y se exige siempre más, del que nunca está conforme y sospecha siempre que queda algo por mejorar.
Pone tanto énfasis, invierte tanta energía en ello, que con frecuencia se paraliza.
La persona perfeccionista se exige a sí misma, ya quienes la rodean, tal grado de perfección que, como resulta imposible de plasmar, termina por no empezar nunca sus acciones.
Solo lo hará si se dan las condiciones perfectas, cuando los resultados estén garantizados o si se tienen a mano las herramientas o los recursos óptimos.
Es decir, lo más probable es que no lo haga jamás.
El perfeccionista se vuelve así improductivo.
CONTINUARA...
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