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jueves, 25 de junio de 2009

HOTEL CORONA DE ARAGÓN

EL MISTERIO DE LA HABITACIÓN 510 DEL HOTEL CORONA DE ARAGÓN (PARTE III)
Zaragoza, Avenida César Augusto, 13
12 de Julio de 1979
Empezaré diciendo que la cosa comenzó mal porque desde pequeño tengo un problema de estrabismo.
Me operaron, quede bien, pero el caso es que desde entonces veo gente por el rabillo del ojo.
Lo típico que tenemos todos, que nos parece ver a alguien detrás o a nuestro lado, volvemos la cabeza, y no hay nadie.
Siendo pequeño ya me pasaba, así que se lo comenté a mi oftalmólogo (una muy reconocido de Huesca, que dirige la planta del hospital San Jorge de la ciudad), y me dijo que ese efecto estaba causado por mi estrabismo y que era normal; me mandó unos ejercicios con pinturas de colores que no solucionaron nada, y he crecido con esa molestia.
Mis problemas en el hotel comenzaron en el mismo momento en que atravesé el hall principal.
Ese efecto del que hablaba, que veía gente por el rabillo del ojo, empezó a pasarme de una manera atroz, veía figuras que me levantaban la mano o iban hacia mí cuando estaba solo en los pasillos, y, cuando me volvía, no había nadie.
En aquel momento lo achaqué al estrés (en épocas de exámenes también se acrecentaba dicho efecto, pero desde luego no era ni mucho menos lo que me estaba ocurriendo allí).
Tras darme la llave de la habitación y haber resuelto el trámite administrativo de registrarme y todo eso, subí a mi habitación, que era la 510, para dejar las maletas y marcharme rápidamente, pues tenía una cita.
Nada más entrar, noté algo extraño; era un desagradable, muy desagradable hedor, que casi me hizo, literalmente, vomitar.
En las películas de terror supongo que dirían que era olor a quedado, pero a pesar de oler un poco como a ceniza de colilla, lo que yo olía era como a colilla mezclado con olor de alcantarilla, y muy penetrante.
Me recordó el olor del ozono en las limpiezas de cutis, que es como metálico y "te entra" hasta el paladar.
Pues lo mismo, pero en desagradable.
Recuerdo que en aquel momento busque de donde podría venir aquel olor, miré ceniceros, papeleras, inodoro y nada, no encontré la fuente, así que pensé que aquel hedor nauseabundo subiría por el respiradero del baño.
Incluso llegue a utilizar una de las maletas para mantener la puerta abierta mientras deshacía las demás, y el hedor se fue al poco tiempo, o bien dejé de notarlo.
Cuando estaba listo para salir, sonó el teléfono, y como nadie sabía donde estaba, sencillamente no lo cogí.
De camino al ascensor, por los pasillos me pareció ver gente mirándome desde las esquinas, pero solo miraba hacia adelante sin hacer mas caso a mi problema estrábico, luego ya salí a la calle y todo fue normal.
Pero a mi regreso, las cosas se complicarían mucho mas.
CONTINUARÁ
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